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El sentido de la soltería y el matrimonio
han cambiado mucho en las últimas décadas en
Alemania; soltería no es más un sinónimo
de soledad. Las mujeres alemanas de hoy no sueñan con
el príncipe azul y desean mantener su independencia.
Los hombres alemanes no buscan en las mujeres alguien que
los libre de las tareas domésticas, que hace tiempo
dejaron de ser exclusivamente femeninas.
Todo el mundo se muestra emancipado, cada
uno paga su parte en el restaurante y los hombres también
reciben piropos de las mujeres. La mayoría forma
sólo parejas informales antes de los 30.
No hay lugares exclusivos para el flirteo:
la lavandería, el supermercado, los bares, las discotecas,
el chat… Cualquier lugar es bueno a la hora de conocer
gente.
Existen libros de autoayuda que enseñan
las frases recomendadas y prohibidas en la búsqueda
de una pareja. Incluso existen academias que enseñan
el arte del flirteo.
En Alemania están fuera de moda los
intentos obvios de acercamiento como el “¿Tienes
algo que hacer esta noche?”. Son preferibles una mirada
profunda y buenas maneras. Luego se puede intentar hablar
acerca de su vida, sus estudios, familia y hobbies pero,
si se quiere conocer al otro, se deben hacer preguntas y
dejarlo hablar.
Una conducta masculina exagerada es más
bien un impedimento, pero el hombre no debe olvidar que
su compañera siempre espera actos de caballerosidad,
como el abrirle la puerta del auto o el colocarle el abrigo.
Un consejo para las mujeres: en la primera
cita, al momento de pagar la cuenta en el café déjenlo
pagar a él. El que la mujer insista en pagar lo suyo
en la primera salida es interpretado generalmente como una
negativa. Si el flirteo pasa a mayores aún estará
a tiempo de demostrar que puede costearse su propia vida
y que no busca un proveedor.