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La Abadía de Westminster, situada cerca del palacio que lleva el mismo nombre, es uno de los símbolos de la ciudad, pero sobre todo de todo lo que concierne a la monarquía inglesa. Es una gran joya arquitectónica que debe visitar siempre que pase por la ciudad. De un paseo y descubra esta fantástica iglesia mientras hace un curso de inglés en Londres.
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Historia
La iglesia data del año 606, cuando se fundó un santuario en el lugar conocido como "Thorney Island". Aunque la existencia del santuario es incierta, la abadía histórica fue construida por Eduardo el Confesor y consagrada el 28 de diciembre de 1065. Eduardo construyó la catedral ya que faltó a una promesa y el Papa le aconsejó redimirse construyendo una abadía.
La iglesia, primero románica y construida por los benedictinos, se reconstruyó en estilo gótico entre 1245 y 1517. La primera fase de la reconstrucción fue organizada por el rey Enrique III, como un santuario en honor a Eduardo el Confesor. La catedral volvió a manos de los benedictinos bajo el reinado de la reina María que murió en 1558 durante el reinado de Isabel I y posteriormente enterrada en la misma abadía. En 1579, Isabel I la recuperó convirtiéndola en la "Iglesia Colegiata de San Pedro". Hoy en día es mitad museo, mitad catedral.
Situación
La Abadía de Westminster está justo al lado del Palacio con el que comparte el mismo nombre, símbolos ambos edificios de la realeza y monarquía inglesa.
Para llegar a la Abadía lo mejor es tomar el metro y bajarse en la estación de Westminster, donde se llega con las líneas Circle, Center y Jubilee.
Precios y horarios
El horario de visita es de lunes a sábado de 10:30 a 16 horas. El precio para adultos es de £10.00. Los menores de 16 años, los mayores de 60 y todos los estudiantes que así lo acrediten pagarán £7.00. El acceso a la nave es gratuito. Los menores de 11 años cuentan con entrada gratuita.
Obras maestras
La obra maestra de la Catedral es sin duda el trono de San Eduardo "St, Edward's Chair", en el que se sientan los soberanos para ser coronados por el arzobispo de Canterbury. En el interior también se conservan numerosos sepulcros y tumbas de monarcas, ya que la mayoría fueron enterrados allí. De igual modo yacen en la iglesia personajes célebres que nada tienen que ver con la realeza, como Isaac Newton o Charles Darwin, entre otros.
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